En los pueblos del
Oriente cercano y de la cuenca del Mediterráneo existía la prostitución
sagrada. Se la encuentra también en algunas regiones de la India, donde las
prostitutas, llamadas deva-dais (siervas y esclavas de los dioses), eran
cantoras y bailarinas y disfrutaban de particular instrucción.
Las meretrices
del culto, consideradas como mujeres sagradas, atestaban los patios de los
templos y eran consideradas como transmisoras de las virtudes fecundativas. Su
presentación revestía carácter de un acto social piadoso, en el cual las
relaciones sexuales colectivas eran legítimas como cumplimiento de un ritual
sagrado. En los templos, como en Babilonia, no faltaban los prostitutos
varones. También en Palestina y en Siria la prostitución era de carácter
religioso, y éste es el motivo de la severa condenación de esta práctica,
designada como "fornicación con los dioses extranjeros".
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