Se dice comúnmente que
la prostitución es la más antigua de las profesiones; sin embargo, no se la ha
encontrado entre los pueblos etnológicamente más antiguos. Tuvo origen y se
desarrolló en la forma típica comercializada sólo en civilizaciones avanzadas y
a la vez más complejas a nivel social y moral.
En la España de los
Austrias (s. XVI), para que una joven pudiese entrar en una mancebía, o casa
pública de prostitución, tenía que acreditar con documentos ante el juez de su
barrio ser mayor de doce años, haber perdido la virginidad, ser huérfana o
haber sido abandonada por la familia, siempre que ésta no fuese noble. El juez
procuraba disuadir de sus torcidos intentos a la aspirante con una plática
moral, y si no la convencía, le otorgaba un documento, donde la autorizaba para
ejercer el infame oficio.
• En la Edad Moderna,
entre las gentes acaudaladas y la clase nobiliaria, el hábito de las cenas
ostentosas contribuyó a difundir la prostitución con apariencias más puritanas.
En las grandes capitales, como Roma o Venecia, el número de cortesanas era tal
que tuvo que ser reglamentada administrativamente bajo la dirección de una
mujer a quien llamaban “reina”, que se encargaba de hacer respetar en forma
estricta los reglamentos policiales.

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