En la Grecia clásica, la
prostitución era practicada tanto por mujeres como por hombres jóvenes. Las
prostitutas podían llegar a ser mujeres independientes e incluso influyentes.
Estaban obligadas a vestirse con ropas distintivas y pagar impuestos.
Algunas prostitutas de
la Grecia Antigua, como Laos de Corinto o Laos de Hincara, eran famosas tanto
por su agradable compañía como por su belleza, y cobraban sumas extraordinarias
por sus servicios.
Solón fundó el primer
burdel de Atenas en el siglo VI a. C., y con los beneficios mandó construir un
templo dedicado a Apoditos Pandero, diosa patrona de dicho negocio. Sin
embargo, el proxenetismo estaba terminantemente prohibido.
La prostitución
masculina era común en Grecia. Generalmente era practicada por jóvenes
adolescentes, un reflejo de las costumbres pederastas de la época. Los jóvenes
esclavos trabajaban en burdeles en Atenas, mientras que un muchacho libre que
vendiera sus favores se arriesgaba a perder sus derechos políticos una vez
alcanzase la edad.

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